Ilusión. Del latín illusĭo, -ōnis.

1. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. 2. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

‘Tienes ojitos de leoncito. Pero de leoncito bueno’.

Ya lo vimos en el zoológico. Los animales son animales. Ni buenos ni malos. Animales.

Trescientos seis kilómetros de distancia también duelen. Dicen.

‘Rosario está llena de gente de lujo. Entonces me escapo rápido para que el corazón no duela tanto de las ganas de volver’, escribe Inés desde Buenos Aires.

‘La patota ya se abraza para no morir de frío. Aunque en un metro cuadrado hayan cuarenta dibujos ahí en el piso’.

Feliz primavera, para ustedes. Aquí otoño. Cambio. Suspiro.

Aterrizar.

1. Dicho de un avión o de un artefacto volador cualquiera: posarse tras una maniobra de descenso, sobre tierra firme o sobre cualquier pista o superficie que sirva a tal fin.

2. Dicho de un piloto, de un pasajero, de un paracaidista: llegar a tierra.

Esta mañana, le dije a mi hermana de luna que yo aún no había aterrizado de mi último viaje. Ella respondió, dulce: ‘Olvídate de aterrizar en el mismo aeropuerto desde donde saliste. Ese lugar ya no existe. Busca otro sitio. Y baja’.

El Roto.

Cuando Juan José Millás escribió ‘el talento es la capacidad para asociar cosas que en la realidad aparecen disociadas’ se refería, quizá, a este hombre: Andrés Rábago, El Roto.

Me gustó ver los vestigios de la regla y el trazo de su lápiz, bajo el desgaste de la tinta, siempre negra.

En el medio de la galería me tiré al suelo a lo Nadal cuando gana un campeonato y grité lo más fuerte que pude: ¡amo las ideas de este hombre y su forma de expresar-las!

Bifurcaciones. Exposición hasta el 15 de Octubre. Consejo de Ciento 323. Barcelona.

El arrepentimiento es un sentimiento tardío.

Me dirigía al correo del barrio para enviar las postegardas postales del Club. Pensaba en el camino que si Agus se enrollaba podría enviarle un regalo a Mario G. Pasando por debajo de un andamio, me encuentra un tipo. Me para. Aunque voluminoso, blanco y de ojos claros, lindo. Muy lindo. Sonreí esperando que me preguntara dónde queda la calle tal, cuestión que me suelen formular muy a menudo, casi a diario. Por lo visto, tengo look de estar orientada.

El muchacho, con un castellano entrecortado y deficiente dijo ‘Estoy por ir a tomar un café con leche. Te invito a que tomes algo conmigo’. Sonaba alemán. Me descolocó y perturbó no captar su intención rápidamente. Mientras respondía pensé dos opciones. La primera, que quería practicar el idioma. La segunda, que estaría realizando un acto psicomágico en plena calle Balmes, recetado por el mismísimo Jodorowsky, convidando a tantas chicas como pudiera, hasta que alguna aceptara y comprobar así que todo es posible. ‘Muchas gracias pero estoy apurada’. ‘¿Apurada?’, pronunció pareciendo no saber el significado. ‘Tengo prisa’, enfaticé. Su cara expresó desánimo y al finalizar el tunel del andamio nos separamos.

Que tonta soy, pensé luego. Prisa de qué.

El mito de los argentinos guapos. Seguí buscando. Andá a Rosario!

Hola Debi:

La verdad que Buenos Aires me gusta mucho, aunque la gente no es como me imaginaba! El mito de los argentinos guapos no existe. Se ve que todos emigran a España!

No existen normas, ni reglas. Sobrevive el más fuerte. No se ponen casco ni cinturón y conducen como locos. Me subí a un taxi y el taxista me estuvo comiendo la olla todo el camino. Que argentina es la potencia más grande del mundo, que fuerte!! Que ellos son los más buenos en todo. Me decía que era un auténtico macho argentino, que todas sus raíces estaban aquí. Cuando le pagué le dí las gracias y al bajarme le dije que seguramente me había timado. Él contesto que le había ofendido pero que tenía razón.

Los planes han cambiado. Nos iremos directamente al norte: Salta, Jujuy, etc.

Te mantendré informada.

Arte chileno contemporáneo. Tablón de anuncios.

Inauguración Viernes 5 de setiembre. Convent de Sant Agustí. Comerç 36. 08003 Barcelona.

Karta es, además de mi primer maestro de yoga, artista contemporáneo.

Amo tu turbante amarillo!

Gracias por la kriya que trabaja el cuarto chakra, Anahata. La proyección de la guerrera. Si sigo despertando la energía kundalini cada día, uno de estos, saldré volando.

Confluencia. Lugar donde se juntan personas, caminos o ríos.

Esperaba, sin apuro, que pasara la hora crítica de calor. Mientras tanto, buscaba frescura acostada en el suelo del comedor, oscurecido adrede. Mi mirada se posó, meditativa y alternativamente, en tres fotografías colgadas en la pared de enfrente. Entre silencio y silencio le pregunté al ocupa de la casa de quién eran. ‘De un tipo de Mar del Plata re-grosso’, dijo. ‘¿Y dónde vive?’, curioseé. ‘Allá’, respondió. ‘Y qué hace un tipo re-grosso viviendo en Mar del Plata. Si ahí solo hay lugar para estafadores de turistas’ pensé, con el ramalazo de prejuicios e ignorancia que aún me queda.

Impulsivamente, cogí mi Pentax analógica, enfoqué una de las imagen e introduje en el cuadro un trozo de mi cuerpo. No era conciente entonces que, al ejecutar esa acción, estaba entrando en su mundo. Y viceversa.

Autorretrato con fotografía de Mario Gemin, de su serie casi inédita.


Mi muerte. Tal y como fue.

Estaba yo acostada en una cama pequeña. Tapada. En una habitación también pequeña. A lo Van Gogh.

Vino un ser gigante por fuera y gigante por dentro. Se sentó a mi izquierda. Me tomó la mano. Llorisqueaba, disimulando. Era Fe.

Vino un ser pequeño por fuera y enorme por dentro. De pie, al otro lado, reía tranquila. Era Bea.

Sin nada que decir, el cuarto vibraba. Había amor. Lo ví todo desde afuera, desde lo alto. Desde ahí, lloré fuerte arrugando la cara, con un grito mudo. Largo. Me alejé, onduleante.