Mi muerte. Tal y como fue.

Estaba yo acostada en una cama pequeña. Tapada. En una habitación también pequeña. A lo Van Gogh.

Vino un ser gigante por fuera y gigante por dentro. Se sentó a mi izquierda. Me tomó la mano. Llorisqueaba, disimulando. Era Fe.

Vino un ser pequeño por fuera y enorme por dentro. De pie, al otro lado, reía tranquila. Era Bea.

Sin nada que decir, el cuarto vibraba. Había amor. Lo ví todo desde afuera, desde lo alto. Desde ahí, lloré fuerte arrugando la cara, con un grito mudo. Largo. Me alejé, onduleante.

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