Un curso de Milagros.

Este curso no pretende enseñar el significado del amor, pues eso está más allá de lo que se puede enseñar. Pretende, no obstante, despejar los obstáculos que impiden experimentar la presencia del amor, el cual es tu herencia natural. Lo opuesto al amor es el miedo, pero aquello que todo lo abarca no puede tener opuestos.

Este curso puede, por lo tanto, resumirse muy simplemente de la siguiente manera:

Nada real puede ser amenazado.

Nada irreal existe.

Con tu permiso, Santiago.

Muda danza.

Movimiento escénico donde uno guarda cosas, su vida entera decimos, en cajas, y las emociones se nos empaquetan. Y se nos mueven los recuerdos. Y se nos arremolinan los sentimientos.

Mudarse no es grato al principio.

Guardar en cajas nuestra vida es comprimir nuestras emociones. Hasta que, trasladada la geografía, viene la recompensa.

Y es la hora de abrir las cajas. Y dejar salir las palomas de la paz. Y que las heridas respiren. Y las sábanas se sequen al sol.

Y de embellecernos junto a la casa nueva. Y de abrir el corazón a lo inesperado, y cerrar la llave de la inercia.

Mudarse es transmutar. De oruga a mariposa. De caja de televisión a ventana de internet. De razón a corazón.

La muda danza.

Santiago Pando.

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En esos días.

Ví dibujos de Dalí en las nubes del Montseny.
Un conejo se asomó a mi carpa.
Un gato me miró a los ojos.
Conocí una multitud de insectos, incansables.
Ví la luna menguarse, por las madrugadas.

Percibí parte de mi escencia y algunas de mis cáscaras.

Una mosca me besó en la boca. Y yo que soy araña, en vez de tragar-la, soplé y sonreí.

Recordé a todos mis maestros y maestras.

Tirité con el poder de la mente.

Comprendí la poesía, de repente.
Lloré la muerte de mi padre.
Lloré la mía propia.

Me enfrenté a la realidad tal y como es, de a ratos.

Me desgarré del todo.
Sentí. Sentí. Sentí.
No solo dolor, sentí.

Me despedí. Nací de nuevo.