Me ilumino diciendo: Gracias.

Etiquetas, queja y gratitud.

Pasé unos treinta años siendo la más introvertida. Decía si/no moviendo la cabeza para no pronunciar palabra. Y negativa. También era muy negativa. Me quejaba en lo profundo: ‘por qué yooooo’! Que he hecho yo para merecer esto, me decía, mientras lloraba en la oscuridad.

Luego, para conocer el otro extremo y por una explosión que no pude controlar, pasé tres años siendo la más extrovertida. Y positiva. Todo es para bien. Luz.

Hace unos días, en una Reiki Initiation me descubrí lamentándome, otra vez: que he hecho yo para merecer esto! Esta vida maravillosa, esta gente preciosa que me rodea, tanto amor. No me lo merezco!

Se lo comenté al grupo y la Maestra gritó: ‘Deja ya de quejarte, coño, y comienza a agradecer, joder’!

La felicidad es, entre otras cosas, rara (para mí y hasta ahora).

Los que no tenemos registro de ser felices y somos actualmente happies estamos: desconcertados!

Esto de vivir cada instante intensamente, por ejemplo sometimes, cansa. Agotados de felicidad! Ji. Quien diría. Y no es queja! Se confunde con la queja por el hábito de quejarnos. Pero no. Lisa y llanamente: es información, que nadie explica.

Hoy salí del gestor habiendo pagado extras. Formularios extras. Salí llorando. El susto de la crisis. Vió?! Subí a la bici y a punto de moquear, como en el segundo/tercer espasmo lagrimógeno, pensé: ‘El precio de estos formularios en comparación con la libertad y la felicidad que siento no es nada!!! Estos formularios son baratos!’ Soy feliz!’, grité al viento. Zas. Y me largué a reir.

(La felicidad es ser lo que se es y trabajar en lo que uno ama. La labor es encontrarse. AJ.)

En esos días.

Ví dibujos de Dalí en las nubes del Montseny.
Un conejo se asomó a mi carpa.
Un gato me miró a los ojos.
Conocí una multitud de insectos, incansables.
Ví la luna menguarse, por las madrugadas.

Percibí parte de mi escencia y algunas de mis cáscaras.

Una mosca me besó en la boca. Y yo que soy araña, en vez de tragar-la, soplé y sonreí.

Recordé a todos mis maestros y maestras.

Tirité con el poder de la mente.

Comprendí la poesía, de repente.
Lloré la muerte de mi padre.
Lloré la mía propia.

Me enfrenté a la realidad tal y como es, de a ratos.

Me desgarré del todo.
Sentí. Sentí. Sentí.
No solo dolor, sentí.

Me despedí. Nací de nuevo.