En esos días.

Ví dibujos de Dalí en las nubes del Montseny.
Un conejo se asomó a mi carpa.
Un gato me miró a los ojos.
Conocí una multitud de insectos, incansables.
Ví la luna menguarse, por las madrugadas.

Percibí parte de mi escencia y algunas de mis cáscaras.

Una mosca me besó en la boca. Y yo que soy araña, en vez de tragar-la, soplé y sonreí.

Recordé a todos mis maestros y maestras.

Tirité con el poder de la mente.

Comprendí la poesía, de repente.
Lloré la muerte de mi padre.
Lloré la mía propia.

Me enfrenté a la realidad tal y como es, de a ratos.

Me desgarré del todo.
Sentí. Sentí. Sentí.
No solo dolor, sentí.

Me despedí. Nací de nuevo.

Carta al padre.

He estado esperando todo este tiempo hasta que me encontraras desde lo más recóndito del tiempo y el espacio. Pero me has reencontrado. Creo que hemos cumplido una fase necesaria porque advierto que te buscaba mucho para poder ser yo misma. Y de verdad que para ser yo misma debo dejar que caiga el lastre de ese globo aerostático que se llamaba dANIEL.

Separarme de ti implica poder nacer de verdad y quiero que sepas que nunca antes te había escuchado de esta manera: salgo ya y le digo al mundo lo mucho que puedo hacer por él y crear toda esta tartaleta de ideas para mejorarlo.

He estado escribiendo mis artes y verdad que estoy orgullosa pero sigo viéndome en la otra mitad del espejo roto que partí cuando tu partiste. Deseo ser yo en todo el espejo, en todo mi rostro de pantomima.

Me has dicho muchas veces que soy lo más importante y dulce y hermoso. Ahora es importante que sea yo misma la que me convierta de verdad en ello. Débora.