A veces la verdad es inverosímil.

Anoche soñé que estaba en Caracas e iba a un concierto multitudinario. El artista en cuestión era, físicamente, una mezcla entre Lenny Kravitz y Sting. Dificil de describir el hombrecito. La canción decía: ‘No pueden ser verdad todas las nubes de Tiziano’.

La idea que me sacó del sueño fue: De todo lo que hay para poner en duda del mundo de Tiziano, de todo lo inverosímil, alguien desconfía de sus nubes. Yo, en cambio, ahora sospecho más de esos seres con cuerpos humanos, huesos grandes, rodillas marcadas, vientres anchos, ojos de león y pelos fuertes y duros. Yo las nubes me las creo. Todas. Que extraños somos. Así somos.

Va de Colombia.

Anoche salí de la casa de mi amigo P con quien compartimos una larga y profunda conversación. Me prestó una recopilación de novelas de Álvaro Mutis y me recomendó sobre todo una.

Iba a entrar al metro cuando decidí bajar andando. Un hombre que esperaba un taxi, al verme, cambió de opinión y dicidió seguirme. Comenzó a hablarme y yo que iba feliz, sonreí. Cómo no! Así que un trecho de mi camino lo recorrí con un desonocido y simpático corredor de seguros. Eso dijo que era, dándome una tarjeta personal que lo autentificaba. Me contó que los fines de semana suele ir a pedalar por la Carretera de las aigüas y que lo llamara para hacer algo juntos. Era colombiano con más de veinte años en este país. La tarjeta la guardé. A ver si un día de estos me animo y me da por telefonear-lo.

Blog en re-construcción. Permanente impermanencia.

Una vez más, estoy trabajando para poner las cosas en su sitio, actual. Los capítulos se abren. Se cierran. Se vuelven abrir. Se vuelven a cerrar. Como se mueven! Están vivos!

Si notas que algo extraño sucede en las próximas horas se trata sencillamente de este fluir que te comento.

Cada vez es más sutil. Que gusto.

Los cuatro egos y la quintaescencia.

Los cuatro egos dijeron al unísono, como personajes del coro de una tragedia griega: ‘Vaya bagarto. Que mina más fea’. La quintaescencia, iluminada en el centro del escenario dijo: ‘No. Nada de eso. No es fea. Es bella. Es lo que es. Y hace lo que tiene que hacer’.

Que gran alivio, el alma, humana.

La mía, mi alma, la recuperé en un tren. Allá por abril o mayo. Yendo o viniendo, según donde esté. Me volvió el alma al cuerpo. Maravilloso. Ya lo escribiré.

Ilusión. Del latín illusĭo, -ōnis.

1. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. 2. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

‘Tienes ojitos de leoncito. Pero de leoncito bueno’.

Ya lo vimos en el zoológico. Los animales son animales. Ni buenos ni malos. Animales.

Trescientos seis kilómetros de distancia también duelen. Dicen.

‘Rosario está llena de gente de lujo. Entonces me escapo rápido para que el corazón no duela tanto de las ganas de volver’, escribe Inés desde Buenos Aires.

‘La patota ya se abraza para no morir de frío. Aunque en un metro cuadrado hayan cuarenta dibujos ahí en el piso’.

Feliz primavera, para ustedes. Aquí otoño. Cambio. Suspiro.

Aterrizar.

1. Dicho de un avión o de un artefacto volador cualquiera: posarse tras una maniobra de descenso, sobre tierra firme o sobre cualquier pista o superficie que sirva a tal fin.

2. Dicho de un piloto, de un pasajero, de un paracaidista: llegar a tierra.

Esta mañana, le dije a mi hermana de luna que yo aún no había aterrizado de mi último viaje. Ella respondió, dulce: ‘Olvídate de aterrizar en el mismo aeropuerto desde donde saliste. Ese lugar ya no existe. Busca otro sitio. Y baja’.

El Roto.

Cuando Juan José Millás escribió ‘el talento es la capacidad para asociar cosas que en la realidad aparecen disociadas’ se refería, quizá, a este hombre: Andrés Rábago, El Roto.

Me gustó ver los vestigios de la regla y el trazo de su lápiz, bajo el desgaste de la tinta, siempre negra.

En el medio de la galería me tiré al suelo a lo Nadal cuando gana un campeonato y grité lo más fuerte que pude: ¡amo las ideas de este hombre y su forma de expresar-las!

Bifurcaciones. Exposición hasta el 15 de Octubre. Consejo de Ciento 323. Barcelona.

El arrepentimiento es un sentimiento tardío.

Me dirigía al correo del barrio para enviar las postegardas postales del Club. Pensaba en el camino que si Agus se enrollaba podría enviarle un regalo a Mario G. Pasando por debajo de un andamio, me encuentra un tipo. Me para. Aunque voluminoso, blanco y de ojos claros, lindo. Muy lindo. Sonreí esperando que me preguntara dónde queda la calle tal, cuestión que me suelen formular muy a menudo, casi a diario. Por lo visto, tengo look de estar orientada.

El muchacho, con un castellano entrecortado y deficiente dijo ‘Estoy por ir a tomar un café con leche. Te invito a que tomes algo conmigo’. Sonaba alemán. Me descolocó y perturbó no captar su intención rápidamente. Mientras respondía pensé dos opciones. La primera, que quería practicar el idioma. La segunda, que estaría realizando un acto psicomágico en plena calle Balmes, recetado por el mismísimo Jodorowsky, convidando a tantas chicas como pudiera, hasta que alguna aceptara y comprobar así que todo es posible. ‘Muchas gracias pero estoy apurada’. ‘¿Apurada?’, pronunció pareciendo no saber el significado. ‘Tengo prisa’, enfaticé. Su cara expresó desánimo y al finalizar el tunel del andamio nos separamos.

Que tonta soy, pensé luego. Prisa de qué.