A nosotros siempre nos ha salvado el arte.
Nancy Spero.
Recuperar el cuerpo no solo de los hombres que han intentado poseerlo y controlarlo, sino también de los teóricos conceptuales modernos, hombres y mujeres, que han intentado negarlo. 1990.
Michel Foucault.
Las relaciones de poder penetran en los cuerpos.
No me pregunten quién soy y no me pidan que siga siendo el mismo.
Muchas cosas ya están escritas.
Tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo. Viejo roble del camino, tus hojas siempre agitan algo. Nena, nena, que bien te ves cuando en tus ojos no importa si las horas bajan. El día se sienta a morir. La noche se nubla sin fin. Y, además, vos sos el sol. Despacio, también, podés ser la luna.
Luis Alberto Spinetta.
Lo dudo.
Lo dudo. Que tú llegues a quererme, como yo te quiero a tí. Lo dudo. Que halles un amor tan puro, como el que tienes en mí. Hallarás mil aventuras sin amor, pero al final de todas, solo tendrás dolor. Te darán de los placeres, frenesí. Más no ilusión sincera, como la que te dí.
Chucho Navarro.
Prueba de sonido. Oído.
‘Diego: tengo mucho bajo’
‘¿Pero me estás hablando de volumen o de graves?’.
Leo Maslíah.
Le dije a JL que me pasara tu email, que el que yo tengo da error. Pero este debe estar en Dubai y no se entera. Ya verás, cuando vuelva, la que le voy a armar.
Te quería saludar especialmente. Escribiendo algunos de mis cuentos me acuerdo alegremente de los tuyos. Varios de ellos se me han quedado tatuados en el adn. Y como encima ahora estoy con este tema de los grupos sanguíneos. Pues mira.
Gracias por tu inocencia, por tu absurdo, por tu verdad, por tu locura, por tu violencia, por tu dulzura. Gracias. Por compartirlo. D.
La fiesta. Barcelona 2008.
Me invitaron, sorpresiva y gratamente, a una fiesta la otra noche. Fui sola porque no sabía bien qué onda. Nada lejos de mi casa. Así que, con tranquilidad, pillé la bici y subí.
Había gente. Más mujeres que hombres. Y si bien me sentí muy a gusto desde que él abrió la puerta y me abrazó, enseguida percibí que, en general, era la clase de gente que te ignora. Que hace ver que no te ve. Y lo hacen bien.
En otro momento de mi vida eso hubiera sido un problema. Pero ya estoy muy entrenada para este tipo de adversidades. Ahora acciono rápido. ‘Con que soy invisible!’, pensé. ‘Que maravilla! Entonces puedo hacer todo lo que yo quiera!’.
Evidentemente me autoimpuse ciertos límites. Me solté lo más que pude dentro de lo que creía que el contexto permitía. Iba saltando de un grupito a otro, como si nada. Me enganchaba y me desenganchaba de las conversaciones en cualquier momento y de cualquier manera. Intervenía. No interevenía. Me presentaba. No lo hacía. En algunas ocasiones sonreía. Hacía lo que me daba la gana. Me acercaba y bailaba con el que me gustaba. Me iba. O se iba él. Yo era yo, con una mezcla de Peter Sellers y Woody Allen.
En eso se acerca uno, italiano. Los ojos entrecerrados en pose sexy. Yo lo miraba y pensaba que sería conveniente que relajara los párpados. ‘¿Por qué tus ojos hablan?, me dice. Lenvanté una ceja. La bajé. Levanté dos hombros al mismo tiempo. Los bajé. Hice una mueca con la boca. La deshice. Ante tal respuesta se hizo el silencio entre nosotros. Retomó, con fuerza: ‘¿Viste ‘El lado oscuro del corazón’? La parte que él aprieta el botón para desaparecer a la chica que no sabe volar…’.
Y yo que nunca le creí nada ni a Dario Grandinetti ni a Eliseo Subiela, le intentaba transmitir al tano, con dulzura, pero con toda la intensidad posible, que parara, que no siguiera, que no hacía falta. Era el momento del ‘Ya vengo, voy al baño’. Y ni en eso tuve que mentir! [Dicen que cuando mientes te alejas de tu alma, eso dicen]. Se fue solito.
Me acordé de Quino. De tantas horas de su humor. De cuando Libertad le pedía a Susanita que fuera simple. ‘A ver Susanita, dale, sé simple’, le decía. Y la otra levantaba la pierna y los brazos como en una postura de danza clásica. Libertad miraba para arriba y decía ‘Sonamos’.
Me divertí mucho. Quise quedarme hasta el final. Pero mi intuición me dijo que no lo hiciera. Y la seguí. Repentinamente, me fui.
La fiesta. Londres 2001.
La fiesta era en la loma del orto, al menos desde mi casa. La fiesta era llamativamente masculina. La fiesta eran una serie de griegos y sudafricanos estudiantes de cine, en Londres. La fiesta, excepto por la forma de la gente no de presentarse si no más bien de venderse, como en un casting, estuvo buena. La fiesta dio para comer, beber, bailar y charlar, en el inglés más desvergozado jamás oído.
La fiesta terminó en mi habitación, en mi casa. Con Sabine y dos del sur de ese continente que debe ser menos negro de lo que imagino. Con una bola de plástico, en el medio, que predecía el futuro. A pilas. Todos diciendo disparates sin oírnos. Borrachos. Pero vestidos.
La fiesta. Rosario 1999.
Fue clave, para mí. Si notas que me quedo un poco tildada no te preocupes. Simplemente, estoy recordando.
Pretensión: aspiración ambiciosa o desmedida, según la RAE.
Estoy por un arte que:
me, te, le, nos, les
cambie la vida. D.
El helado de coco en su propia concha!
Pregonea el heladero en aquella playa del caribe.
Luciana Felicidad me llevó anoche a una heladería argentina en plena Barceloneta. Una tarrina de plástico. Pero que rico! Avellana, chocolate y coco con dulce de leche! La especialidad de la casa. Que dulce. Que feliz. Felicidad. Gracias.
Dicen que los helados más ricos del mundo los venden en la Avenida Pellegrini. Eso dicen. No me creas. Experiméntalo. Rosario, Argentina.
Hay paliiiiiiito, vasiiiiiiito, bombon heladooooooo.
Postal enviada que nunca te llegó.
Atahualpa Yupanqui.
Dicen que no tienen canto los ríos que son profundos. Mas yo aprendí en este mundo, que el que tiene más hondura canta mejor por ser hondo y hace miel de su amargura.
Haiku.
De no estar tu / demasiado enorme / sería el bosque.
Goethe.
Atrévete a abrir las puertas ante las cuales todos prefieren pasar de largo.
Ni el punto de partida ni el punto de llegada. Es el camino.
Barcelona.
Esperando a Carolina.
L’Hermite. Arcano VIIII.
Antes se decía que el conocimiento había que ocultarlo. El Ermita sólo transmitía su sabiduría a alumnos perfectos. Pero en esta época NO. Él levanta la lámpara y se la muestra a todo el mundo. EL QUE PUEDA APRENDER QUE APRENDAR, POR FAVOR. Lo necesitamos. Necesitamos volver a vivir. Tranquilos. Sin miedo.
Alejandro Jodorowsky.















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