
Antes se decía que el conocimiento había que ocultarlo. El Ermita sólo transmitía su sabiduría a alumnos perfectos. Pero en esta época NO. Él levanta la lámpara y se la muestra a todo el mundo. EL QUE PUEDA APRENDER QUE APRENDAR, POR FAVOR. Lo necesitamos. Necesitamos volver a vivir. Tranquilos. Sin miedo.
Alejandro Jodorowsky.
En la última lectura de cartas que me hizo el maestro VdP me dijo que, en este fin de ciclo, era mi propio sol interior el que me guiaría el camino para la realización. X-XVIIII-XXI. Mientras lloraba sin parar, más por dentro que por fuera, pensaba ‘pero de qué sol me habla’.
Buscando la postal de Marlon Brando, encontré esto.
Texto foto 1. Titi mostrando ante el público su obra. Texto foto 2. Titi en la entrada del edificio.
Me voy a actualizar mi carta astral a ver si ya me alineaste los planetas. Espero no derretirme por el camino. D.
A uno de mis lados, unas señoras explicando sus recetas de pollo al cava. Al otro, Carolina acuareleaba bellas postales con cuerpos desnudos, estrenando materiales con agua de mar. Yo, en el medio, pensando que me dejo llevar, o traer, más por la energía que por lo físico.
Años atrás, me gustaba Leonardo Sbaraglia y cualquiera que se le pareciera. Pero excluyentemente, además. Fue así se salí con una serie totalmente olvidable de tipos prototipos. Hasta que me dije ‘Basta, que aburrido’. Desde entonces, me gustan de cualquier edad, color, peso, tamaño y altura. Eso en cuanto a lo físico material, por así de decirlo. Lo de la energía es más difícil, describirlo.
Hoy has dirigido una escena de mi vida.
Estaba yo desnuda nadando en el mar mi estilo libre. Libre. Que no es solo croll sino que también combina algo de pecho, un poco de espalda y una inmersión profunda hasta que una ligera presión a la altura de los oídos me indica que tengo que subir a tomar aire.
En uno de esos descensos grité. Grité fuerte. Grité abajo del agua. Grité. Grité. Grité. Y me sentí feliz. Subí. Respiré. Me reí. Seguí.
Recordé que yo no quiero ser una chica almodovar. Quiero ser yo misma. Pero, en todo caso, me siento mucho más dentro de tu película.

Foto Ferran Grau. Mallorca 2005.
He visto todos tus films varias veces. Hay minutos que me parecen reiterativos. Pero desde que amo lo que hago sé lo difícil que es encontrar la medida justa de las cosas cuando uno lo que quiere, en definitiva, es compartir. Los muchos minutos que sí me gustan, me gustan con desmedida intensidad. D.
Ojalá que aprendar a ser, más elegante en mi derrota, cuando más te piense. Ojalá me salga ser, más testarudo con mi orgullo, cuando más te alejes. Ojalá me atreva a ser, más asesino de mis sueño, para no soñarte. Ojalá pueda poner, en penitencia mi paciencia, para no esperarte. IN.
Yo duermo boca abajo. Esto me preocupa mucho porque sé que no es nada recomendable. Todos lo dicen.
Hasta tal punto me preocupa que (así como hay gente que lo primero que te pregunta es cuál tu signo zoodical) cuando conozco a alguien una de las curiosidades que me genera es saber si duermen boca arriba, boca abajo o de costado. A veces, logro averiguarlo.
Confieso que siento cierta inclinación por aquellas personas que duermen boca arriba. Quizá porque es mi opuesto complementario.
Pero ahora ya sé porque no puedo dormir así! Y es que se me clava el huesito dulce en suelo! Me acabo de dar cuenta! Mirá que era fácil.
D.
La mesa de trabajo se me hizo pequeña. El corazón grande. Y ahora no sé que hacer con todas estas caligrafías y dibujos que ya scaneé. Sinceramente.
Me queda por publicar un par de cosas (un par argentino, que no es estríctamente dos) y me retiro. D.
En la adolescencia tuve un novio que, cuando me veía hacer estas cosas, me decía que como letrista me moriría de hambre.
Javier R tenías razón! Pero que bien que me la estoy pasando! D.
(Creo que era Claudio el que decía que cualquier película de Ripstein era un poroto comparada con mi vida).
Estaba yo haciendo tiempo* en la tienda Vinçon, en el Passeig de Gràcia, esperando a un amigo, cuando de repente una mujer me llamó poderosamente la atención.
Tenía el pelo rojizomorado y una actitud rara. La observé fijamente. Ella estaba cada vez más intranquila. Temblequeaba, incluso. Nerviosa, se dirigió a una de las dependientas (¿Por qué le dirán dependientas a las empleadas en este país? Porque dependen del que les paga, quizá, no sé). Le dijo ‘he perdido a mi marido’.
Yo me quedé helada. La chica intentó calmarla pidiéndole que la acompañara a la caja para llamarlo por megafonía. Aclaro que el local es grande pero a mí lo primero que me vino a la cabeza fue otra cosa, otro tipo de pérdida.
Ya, en el mostrador, la empleada preguntó ‘cómo se llama su marido’. ‘Arturo Ripstein’, dijo.
De un sopetón, me volvió el calor al cuerpo y todos los objetos se cambiaron de lugar solos en el mismísimo segundo en que yo viví varios flashbacks con fundido a blanco. Me acordé de mi amigo Pablo Romano, de aquella revista de cine que compraba mi madre, de mi madre, de que alguna vez pensé en ir a México a estudiar comunicación audiovisual y que probablemente ahí lo hubiera conocido. Entonces ella debe ser Garciadiego, me susurré.
‘Arturo Ripstein por favor acuda a caja’, sonó fuerte por los altavoces. No podía creer lo que estaba viviendo. La abandonó, pensé. Y yo aquí. En primera fila.
Al cabo de poco tiempo, poco para mí, claro, andá a saber para Paz Alicia cuanto habrá pasado, apareció Arturo. Un señor con pelo blanco. Traía un jarrón en la mano. Sin flores. Le dijo algo así como ‘este es el jarrón que no compramos en Madrid la vez pasada’. El reencuentro no fue nada cinematográfico, confieso.
Es alucinante. ¿Esta mujer escribe lo que escribe y luego entra en pánico porque pierde de vista un momento a su marido en una tienda de objetos de buen diseño? Realmente somos un misterio. Oscuro.
En eso llegó mi amigo. Lo abracé efusivamente y le dije ‘Te tengo que contar! No sabés lo que pasó!’. Pero él no sabía ni quién era Ripstein y mi historia no le interesó en lo más mínimo. Obvio. Este segundo reencuentro no fue nada cinematográfico, tampoco. Todo hay que decirlo.
Esa tarde conocí a Manolo Laguillo.
D.
* Curiosa expresión.
Olvidé comentarte la otra noche que recordaba que los lunares de tu cara… Si, si, esos… El que tienes aquí, aquí y también aquí… Esos que tantas veces dibujé. Bueno, te decía, que recordaba los lunares del otro lado de la cara. Es decir, recordaba estos que tienes aquí, allí y esos que tienes allí, aquí.
Algo está pasando con mi información neuronal. ¡! Me cambió el mapa y el territorio.
Anyway, me gustan, tus lunares, anywhere. D.
Vivir dentro de un cuadro de Vermeer y salir de vez en cuando a visitarlo. D.

Foto Dani Blanco. Barcelona 2008.
Un hombre evolucionado sexual, emocional, mental y espiritualmente. Libre y sano. D.
Si durante gran parte de la vida, para encontrarnos, buscamos la luz, al final, al encontrarla, sin temor, entraremos en nuestra sombra.
A partir del momento en que somos dos todo cambia. No es que la dificultad se reduzca a la mitad. No, ¡de ser imposible se convierte en posible!
El dulce de leche. Aquí Chimbote. D.
Toda mi juventud puede compendiarse bajo el concepto del secreto. A causa de ello me refugié en una soledad casi insoportable… Se configuró ya entonces mi relación con el mundo tal como hoy es: también hoy estoy solo porque sé cosas y debo señalar que los demás no las saben y que, en su mayoría, tampoco quieren en absoluto saberlas.
A los dieciséis años ví a Graciela Borges (conocidísima actriz argentina) en un reportaje en la tv. Venía de presentar su última película en algún remoto lugar del país, entiéndase cualquier sitio fuera de Buenos Aires city. Dijo algo que me llamó mucho la atención:
‘… Me trataron muy bien, la gente ahí es muy humana…’.
Entonces pensé: que mina más boluda! Cómo va a ser la gente sino, si no es humana cómo va a ser!
Hoy, con el doble de edad, tengo que reconocer que lamentablemente hay gente que no es humana. Es decir: gente inhumana. ¡!
Perdoname Gra:

Canción de certamen de belleza, televisado, año tras año:
‘En una noche tan linda como esta, cualquiera de nosotras podría triunfar. Ser coronada Miss Venezuela y nuestra belleza al mundo poder mostrar’.
Foto by Debi.
Siguiendo la teoría de los ciclos de seis meses, mi ciclo actual acabará en noviembre. Ya sé el qué, cuando y por qué. Resta saber el dónde, cómo y con quién. Ummm. D.
Un suspiro me consuela esta noche y pienso en todos los días que quedan por venir. Da miedo quitar alguno, robarles el deseo, consumirlos. La vida por delante, eso se siente. Aga.

El maestro nos regaló una a cada una de las magas. D.
Las cosas se hacen con ganas o no se hacen.
Iba a cenar por cenar, porque no me puedo dar el lujo de saltárme una ingesta, pensando pero quién puede comer con este calor, cuando de repente, y debido a un hilito del repasador que se enganchó de la hornalla, me tiré toda el agua hirviendo para la pasta en el pecho.
Primero me puse agua fría y hielo, por instinto. Luego aceite (de oliva) y sal por consejo de la tana. Por último, rodajas de patatas porque me acordé de la abuela Yiya. Así que aquí estoy… embardunada y ardida. Bien jodida.
Todo es para bien. Don Alejandro ¿esto también? D.

Elizabeth Martha Mayansky Trajberg. La abuela Yiya. 1908, Ucrania. 1998, Rosario.
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