Ejemplo de un amor neurótico.

Se refiere al hombre que en su desarrollo emocional ha permanecido fijado a una relación infantil con la madre. Que nunca fue destetado, por así decir. Sigue sintiendo como niño.

Tales individuos suelen ser muy encantadores cuando tratan de lograr que una mujer los ame, y aún después de haberlo logrado. Pero su relación con la mujer (como, en realidad, con toda la gente) es superficial e irresponsable. Su finalidad es ser amado, no amar. Suele haber mucha vanidad en este tipo de hombres e ideas grandiosas más o menos soslayadas.

Si ha encontrado a la mujer adecuada, se siente seguro, en la cima del mundo. Pero cuando, después de un tiempo, la mujer deja de responder a sus fantásticas aspiraciones, comienzan a aparaecer conflictos y resentimientos. Si la mujer no los admira continuamente, si reclama una vida propia, si quiere sentirse amada y protegida, y en los casos extremos, si no está dispuesta a tolerar sus asuntos amorosos con otras mujeres, el hombre se siente hondamente herido y desilusionado.

1959. The art of loving. Eric Fromm. Editorial Paidós. Cubierta (fea) de Mario Esquenazi. Capítulo 3. Página 107. Leer completo there if you want.

Otra forma de amor irracional. Amor idolátrico.

Si una persona no ha alcanzado el nivel correspondiente a una sensación de identidad, de yoidad, arraigada en el desenvolvimiento productivo de sus propios poderes, tiende a ‘idolizar’ a la persona amada. Está enajenada de sus propios poderes y los proyecta en la persona amada, a quien adora al summum bonum, portadora de todo amor, toda luz y toda dicha.

En este proceso, se priva de toda sensación de fuerza, se pierde a sí misma en la persona amada, en lugar de encontrarse. Puesto que ninguna persona puede, a la larga, responder a las expectativas de su adorador, inevitablemnte se produce una desilusión.

El amor idolátrico suele describirse como el verdadero y grande amor. Pero, si bien se pretende que personifique la intensidad y la profundidad del amor, sólo demuestra el vacío y la desesperación del idólatra. Es necesario decir que no es raro que dos personas se idolatren mutuamente, lo cual, en los casos extremos, representa el cuadro de una folie à deux.

The same book. Ummm… me habla…

¿Es el amor un arte? Eric Fromm.

Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida.

Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácer milagroso, hasta que su antagonismo, sus desiluciones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial.

No obstante, al comienzo no saben todo esto: consideran la intensidad del apasionamiento como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.

El amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte, música, pintura.

A veces la verdad es inverosímil.

Anoche soñé que estaba en Caracas e iba a un concierto multitudinario. El artista en cuestión era, físicamente, una mezcla entre Lenny Kravitz y Sting. Dificil de describir el hombrecito. La canción decía: ‘No pueden ser verdad todas las nubes de Tiziano’.

La idea que me sacó del sueño fue: De todo lo que hay para poner en duda del mundo de Tiziano, de todo lo inverosímil, alguien desconfía de sus nubes. Yo, en cambio, ahora sospecho más de esos seres con cuerpos humanos, huesos grandes, rodillas marcadas, vientres anchos, ojos de león y pelos fuertes y duros. Yo las nubes me las creo. Todas. Que extraños somos. Así somos.

Va de Colombia.

Anoche salí de la casa de mi amigo P con quien compartimos una larga y profunda conversación. Me prestó una recopilación de novelas de Álvaro Mutis y me recomendó sobre todo una.

Iba a entrar al metro cuando decidí bajar andando. Un hombre que esperaba un taxi, al verme, cambió de opinión y dicidió seguirme. Comenzó a hablarme y yo que iba feliz, sonreí. Cómo no! Así que un trecho de mi camino lo recorrí con un desonocido y simpático corredor de seguros. Eso dijo que era, dándome una tarjeta personal que lo autentificaba. Me contó que los fines de semana suele ir a pedalar por la Carretera de las aigüas y que lo llamara para hacer algo juntos. Era colombiano con más de veinte años en este país. La tarjeta la guardé. A ver si un día de estos me animo y me da por telefonear-lo.

Blog en re-construcción. Permanente impermanencia.

Una vez más, estoy trabajando para poner las cosas en su sitio, actual. Los capítulos se abren. Se cierran. Se vuelven abrir. Se vuelven a cerrar. Como se mueven! Están vivos!

Si notas que algo extraño sucede en las próximas horas se trata sencillamente de este fluir que te comento.

Cada vez es más sutil. Que gusto.

Los cuatro egos y la quintaescencia.

Los cuatro egos dijeron al unísono, como personajes del coro de una tragedia griega: ‘Vaya bagarto. Que mina más fea’. La quintaescencia, iluminada en el centro del escenario dijo: ‘No. Nada de eso. No es fea. Es bella. Es lo que es. Y hace lo que tiene que hacer’.

Que gran alivio, el alma, humana.

La mía, mi alma, la recuperé en un tren. Allá por abril o mayo. Yendo o viniendo, según donde esté. Me volvió el alma al cuerpo. Maravilloso. Ya lo escribiré.

Ilusión. Del latín illusĭo, -ōnis.

1. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. 2. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

‘Tienes ojitos de leoncito. Pero de leoncito bueno’.

Ya lo vimos en el zoológico. Los animales son animales. Ni buenos ni malos. Animales.