Psicomagia III.

Las cosas se hacen con ganas o no se hacen.

Iba a cenar por cenar, porque no me puedo dar el lujo de saltárme una ingesta, pensando pero quién puede comer con este calor, cuando de repente, y debido a un hilito del repasador que se enganchó de la hornalla, me tiré toda el agua hirviendo para la pasta en el pecho.

Primero me puse agua fría y hielo, por instinto. Luego aceite (de oliva) y sal por consejo de la tana. Por último, rodajas de patatas porque me acordé de la abuela Yiya. Así que aquí estoy… embardunada y ardida. Bien jodida.

Todo es para bien. Don Alejandro ¿esto también? D.

Elizabeth Martha Mayansky Trajberg. La abuela Yiya. 1908, Ucrania. 1998, Rosario.

Algo curioso.

Mi ático hierve. Anoche me acosté en el suelo con los pies hacia la ventana (mar) y la cabeza hacia la puerta (montaña). Me daba una brisita linda en los pies y como sentía tanto calor decidí girarme para que la brisita linda me diera en la cara.
Para mi sorpresa me seguía dando la brisita linda en los pies!
Solo puede ser una cuestión de percepciones y sensibilidades, pensé.
Me acordé de ese tierno señor que nos explicó lo del flujo sanguíneo, la otra tarde.
Dormí rico.

D.

Yo sí que me voy a casar. Psicomagia I.

Mi padre solía contar que, cuando nací, en el Sanatorio Plaza de la calle Dorrego y Zeballos en la ciudad de Rosario, el médico salío de la sala de partos y en el pasillo de espera se dirijió a él y le dijo: ‘acaba de tener usted una soltera’. Ante mi pregunta de qué quizo decir, él respondia que, como yo era tan fea, no me iba a casar nunca.

Papá: nunca entendí tu idioma y, en consecuencia, tu humor. Pero lo intenté. Mucho. Treinta años! Te amo.

D.

Pedir ofreciendo.

Si queremos tener, comencemos por dar:

Un viudo está en su hogar con toda su familia, hijos, nueras, nietos. El jefe de su hijo viene a tomar café. Le han preparado un gran pastel. Todos están muy nerviosos, sólo el viejo conserva la calma… Con gran ceremonia, las mujeres traen el pastel. Lo cortan, pero olvidan dar un trozo al viejo. Mientras los otros comen, el anciano de pronto alza su plato y dice humildemente:

– Perdonad, ¿necesita alguien un plato limpio?

Víspera de luna llena.

Se hizo de noche a las tres de la tarde. Pedaleaba hacia el correo en busca de una carta certificada de remitente desconocido. Comenzó a llover y me dejé mojar (frase memorizada de un videoarte amigo).

Hay semáforos que pillo siempre en rojo. Otros todo lo contrario.

Me fui a correr por la playa. Se hizo de día a las diez de la noche. Víspera de luna llena. A veces sucede.

D.

Rilke siempre ayuda.

No calcular y no contar;
madurar como el árbol, que no apura sus savias
y que está, confiado, entre las tormentas de primavera,
sin la angustia de que no pueda llegar un verano más.
Igualmente llega.
Pero solamente llega para los que tienen paciencia
y viven despreocupados y tranquilos
como si ante ellos se extendiera la eternidad.
Lo aprendo diariamente;
lo aprendo en medio de dolores
a los cuales estoy agradecido:
paciencia es todo.

Ten paciencia frente a todo lo no resuelto en tu corazón,
y trata de amar los problemas mismos como
a libros escritos en un idioma muy extraño.
No busques ahora respuestas,
no te pueden ser dadas porque
no podrás vivirlas.
Y de eso se trata: vivirlo todo.
Vive ahora los problemas.
Viviéndolos, tal vez en un lejano día,
poco a poco, sin advertirlo, penetres en la respuesta.

Enviado por Mario Gemín en el preciso momento.
Mar del Plata, 22 abril 2008.