Me es toy in te gran do po co a po co.

Anoche viajé inesperadamente a mis 7 años. Resté: 1983.

Dos paises. Casas. Una tele pequeña. Una cocina grande. Una democracia. Vi dorados. Y un ligero dolor de panza. Recordé un nombre. Se me secó la garganta. Sudé. Desperté con una frase en la punta de la lengua. Fogata de amor.

Esta mañana le escribí a Maria Julia que si, que hay muertos vivos. Mientras tanto buscaba en google la frase. Fogata de amor. Ahí supe que era canción.

‘Para decidir si sigo poniendo esta sangre en tierra. Para recalcar que estoy vivo en medio de tantos muertos. Fogata de amor y guía. Razón de vivir mi vida’.

(Me da escalofrío pensar que la canción fue escrita en el mismo año al que yo viajé. Anoche).

Mensaje. Me digo: hay muertos vivos. Pero si todo es parte de mi, hay muertos en mí. Hay partes de mi que están muertas! Quiero despertar-las to’itas! To’as!

Acto psicomágico.

‘A todos los que tienen miedo económico que salgan a la calle y le regalen 20 € a alguien. Para ganar hay que invertir. El acto gratuito se multiplica: Lo que das te lo das. Lo que no das te lo quitas’.

Aconsejado por Alejandro Jodorowsky en la Televisió de Catalunya: http://www.tv3.cat/videos/1120659

Me paré en la intersección de las calles Pintor Fortuny y Doctor Dou, mirando hacia Las Ramblas. Cerré los ojos, sentí el sol en mis mejillas y medité. ¿A quién le voy a dar este dinero? Un hombre, una mujer, un niño, alguien que pida, alguien vestido así, o vestido asá? Ay! A quién!? Decidí que no elegiría a la persona por su apariencia sino que sería la primera persona que viniera sola de allá para acá y pasara por mi lado izquierdo. Tomé aire, abrí los ojos y ahí estaba!!!

Detuve a una veinteañera apurada texteando by phone y dije: ‘Hola, quiero hacerte un regalo’. Busqué el billete en mi bolsillo y busqué su mano. ‘Toma’.

Se le humedecieron los ojos de lágrimas y preguntó ‘¿Por qué a mi?’.

‘Porque has sido la elegida. Si alguien te da dinero y tu no lo pediste acéptalo, dios querrá algo de tí’, cité aquel proverbio sufí.

Me abrazó. Nos abrazamos. ‘Has oido hablar de la psicomagia’, dije.

‘He ido varias veces al café de Paris para que Jodorowsky me leyera las cartas pero nunca he salido sorteada. No tengo suerte’, dice mientras sonríe intuyendo que esa percepción de sí misma ya es parte del pasado. ‘Pero yo que debo hacer ahora? Espera. Esto es para ti’, y me da un libro que saca de su bolso. ‘Cartas a un joven poeta’ de Rilke. Leélo y luego lo vuelves a regalar, me aconseja.

‘Acepto. Lo regalaré en la calle después de leerlo’, respondí.

Estuvimos con Nora hablando largo rato de esto y de aquello, maravilladas las dos con la magia de.. la.. vida.

Y me pasaron más cosas luego.. Luego sigo.

Ricardo Mollo.

Te quería preguntar algo que me quedó pendiente de cuando estudiaba periodismo:

 

 

Le comentaron a David Cronenberg, en una entrevista, que Martin Scorsese tenía miedo de conocerle. Cronenberg respondió que ‘uno no es exactamente como sus películas’. Y, que en todo caso, más miedo le daba a él conocer al tipo que había hecho Taxi Driver.

La teoría del abrazo.

Ummm. Qué decir. El asunto es que hay abrazos y abrazos.

Los hay flojitos o apretados. Manos al cuello o la cintura. O mitad y mitad. Largos o cortos, es decir, prolongados o breves. Quesesho. No tengo intenciones de hacer una clasificación o tipología exhaustiva de los abrazos. Sino más de bien de… umm.. festejar el maravilloso misterio que se produce de vez en cuando. Cuando un abrazo: encaja.

Eso. Que cuando un abrazo encaja: encaja.