Plantar un Árbol.

Escribir un libro.

Tener un hijo.

Bueeeeenooooo. Comenzando por el paso número uno, compré miel pura de abeja (como mi nombre) para escribir Amor y ReUnión en una caja circular. Dorada por fuera, plateada por dentro y con pintitas rojas como de sangre. La caja.

Adentro estaban todos los nombres de los integran-tEs de mi árbol genealógico. Los vivos. Los muertos. Los de aquí. Los de allá. Hasta mí. 

Acompañada por dos caballeros y una pala, subimos a un taxi que nos dejó en el parque elegido. Enterré la caja y planté el árbol, mientras meditaba Feliz de haber nacido.

Continuará.

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