La última vez que ví a mi padre fuimos, a su ritmo cansino, a una tienda de regalos ubicada en calle Paraguay esquina Tucumán. O cerca. Esas que venden una sorprendente cantidad inagotable de objetos sin utilidad. Algunos lindos, si. No digo que no.
Se detuvo frente al escaparate, señaló hacia adentro y sin mirarme a los ojos dijo: ‘Débora, quiero regalarte uno de estos dos objetos. Ahora no tengo dinero. Escoje uno y comprátelo que yo luego te devuelvo la plata’.
El otro objeto era una máquina de fotos y pese a que en aquel año yo todavía me etiquetaba como ‘Fotógrafa’, sin saber por qué, elegí este.

Gracias, Débora y gracias a estas raíces que nos han permitido gozar hoy de un encuentro en otro plano.
Felicidades… sí, tú eres el regalo.