Una discípula habla y dice.

Soy una persona estúpida. Floto, me ahogo, floto, me ahogo, floto, me ahogo… ¿Cúando me liberaré de este doloroso mundo? Flotar, ahogarse, flotar… ¡Qué difícil es vivir!

El Maestro no responde nada. La discípula lo mira largo rato, espera y por fin le dice:

¡Maestro! ¿Acaso no estoy aquí, frente a usted, preguntándole una cosa?

¿Dónde estás ahora? ¿Flotando o ahogándote?


Gracias enormes a Cristóbal Jodorowsky por darme el empujoncito a la piscina de mis cocodrilos y, sobre todo!, por guiarme a salir… fortalecida!

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