Si una persona no ha alcanzado el nivel correspondiente a una sensación de identidad, de yoidad, arraigada en el desenvolvimiento productivo de sus propios poderes, tiende a ‘idolizar’ a la persona amada. Está enajenada de sus propios poderes y los proyecta en la persona amada, a quien adora al summum bonum, portadora de todo amor, toda luz y toda dicha.
En este proceso, se priva de toda sensación de fuerza, se pierde a sí misma en la persona amada, en lugar de encontrarse. Puesto que ninguna persona puede, a la larga, responder a las expectativas de su adorador, inevitablemnte se produce una desilusión.
El amor idolátrico suele describirse como el verdadero y grande amor. Pero, si bien se pretende que personifique la intensidad y la profundidad del amor, sólo demuestra el vacío y la desesperación del idólatra. Es necesario decir que no es raro que dos personas se idolatren mutuamente, lo cual, en los casos extremos, representa el cuadro de una folie à deux.