Lo que pasa en una mañana.

Me acomodé en la orilla vistiendo sombrero y gafas de sol. Primero pensé acerca de esta dicha de vivir la situación de la desnudez con tanta naturalidad. Flacos y gordos, viejos y jóvenes, hombres, mujeres, niños, trasvestis y transexuales, todos juntos compartiendo una mañana de sábado en la playa. Dale que va.

Comencé a leer un libro que (en teoría) explica la teoría de Freud. De vez en cuando levantaba la mirada para procesar la información mirando el mar. Pensé en preguntarle a Alejandro su opinión sobre algunas cosas. Recordé a Barthes cuando habla de levantar la cabeza o cerrar los ojos para ver. En eso detecto que un hombre muy atractivo y llamativamente musculoso me mira. Fijo. Tipo escultórico, él. Glup. Me escondí detrás de las gafas y usé el book para taparme la cara. Aproveché la situación y seguí leyendo. Más tarde supe que se llamaba Pedro.

‘Ahí por 11 euros te pones hasta arriba de comer gambas’, gritó uno. ‘Yo he visto en MercaBarna donde compran esos el pescado. Se te quitan las ganas de comer ahí’, gritó otro. ‘Bah, eso está lleno de gente y hasta ahora nadie puso ninguna denuncia. Yo ya fui tres veces y nunca me pasó nada’, volvió a gritar el primero.

Me fui al agua. Al salir me esperaba Pedro, con una sonrisa enorme, decido a decirme ‘Eres muy linda’. Me reí, le dí las gracias y entablamos conversación automatically.

Continúo en otro post.

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