
Desenredar
es una de mis prácticas favoritas.
Dame un enredo
que yo te lo desenredo.
Pero también aprendí algo:
a veces no queremos desenredarnos.
No porque no sepamos cómo,
sino porque hay nudos que conocemos bien,
que nos resultan familiares,
incluso queridos.
Hay nuditos que nos sostienen,
que nos dan identidad,
que todavía no estamos listos para soltar.
Desenredar no es forzar.
Es esperar el momento
en que el nudo también quiera aflojar.
Débora
🐝
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c o m u n i c a c i ó n alineada con tus valores y autenticidad
estrategias desde una perspectiva relacional
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