
El grito también comunica.
Cuando crecimos en entornos
donde no había lugar para la palabra,
o donde la palabra no era escuchada,
el grito aparece como forma de expresión.
No es exceso: es recurso.
No es violencia en sí misma:
es lenguaje cuando no hubo otro.
El problema no es el grito.
El problema es no preguntarnos
qué palabra quedó atrapada ahí.
Aprender a comunicar
no siempre es bajar el volumen,
a veces es crear espacio
para que la voz exista.
Débora.
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c o m u n i c a c i ó n
deboratenenbaum.com
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