Mi padre solía contar que, cuando nací, en el Sanatorio Plaza de la calle Dorrego y Zeballos en la ciudad de Rosario, el médico salío de la sala de partos y en el pasillo de espera se dirijió a él y le dijo: ‘acaba de tener usted una soltera’. Ante mi pregunta de qué quizo decir, él respondia que, como yo era tan fea, no me iba a casar nunca.
Papá: nunca entendí tu idioma y, en consecuencia, tu humor. Pero lo intenté. Mucho. Treinta años! Te amo.
D.
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