III La Emperatriz IIII El Emperador.

Uf. Se me junta la faena! Confieso que ansío descansar! Y no sé cómo.

Resumo. No he logrado sentir plenamente la energía de La Emperatriz en el día en que me asigné tal cometido. Uno, me contuve y no exploté. Dos, he desaprendido a enamorarme. Tres, seduzco sin conciencia. Cuatro, me expreso con demora. Uf.

Buscando pistas, he sacado flechas imaginarias desde el arcano III y… Del suelo que pisa, el lugar donde está, salió El Papa (El Paaaaapaaaaa!), en el escudo que la protege está Templanza (que alivio!), detrás de su trono La Rueda de Fortuna (ay, el final que no termina de terminar!) y en su mirada… El Diablo. Ahi vamo’.

Next.

(Eso fue ayer). Hoy ha sido un día raro para (no) variar. Amanecí enfadada porque no sé sentir lo que siento y expresarme a tiempo. Presente. Recibí órdenes que no hicieron más que confirmar-me la repugnante idea de que el poder es vertical. El poder. El poder. Claro. Hoy es mi día. El Emperador, recordé.

Hasta ahora he vivido con mi poder fuera de mi. Y tengo ganas ya de que entre y ejercerlo. Así que decidí invitarlo a almorzar y proponérselo. Qué decir!?! En eso estamos.

Luego me llamó Rosa, la chamana, porque tuvo una corazonada. De todo lo que dijo solo recuerdo, pero con exactitud, esto: ‘Muchas veces para saber lo que deseamos tenemos que pasar por saber lo que no deseamos. No te preocupes. Es el camino’.

Al rato largué a llorar. Largo.

Llamé a estas amigas que nunca contestan, solo para recordarme que no me disperse y que esté donde tengo que estar.

Salí de nuevo, esta vez a resolver un asunto pendiente con otro espejo, en el que sintetizaba historias añejas, pasadas. Y así fue. Resuelto. Lo bueno de que las cosas vayan tan rápido es que cuando el propósito es claro: el click es plaf. Clack. Instantáneo.

Volví pedaleando en la oscuridad de un viernes otoñal, por mi ciudad, sonriendo y entendiendo que mi poder es más dulce que tirano y que era eso, precisamente, lo que quería: dulzura! Mimos! Cariño sin expectativas! ¿Será posible, che? En eso suena el teléfono, desde un número largo. Extranjero de extranja. Era el mismísimo Mario G.

– Uy, Marito, llegas justo a tiempo. Quiero mimitos!!!

– Muy bien. Ahí va: te quiero Debi.

Para rematar el día del Emperador revisité: http://www.beatrizpreciado.com

2 comentarios

  1. así que después de esas vacaciones necesita descansar. Ya le vale.

    • ¿A qué vacaciones se refiere?

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