Marcel Marceau.

Ahorraba en la comida igual que en el gesto. Había repetido los mismos números, sin apenas renovarlos, durante décadas. Pero ver uno de sus movimientos era como asistir a la danza ritual de una gheisa: era uno con su espíritu. Gracias a experiencias como ésta, comprendí que no sólo somos seres humanos con una vida espiritual, sino también espíritus con vida humana. Paseábamos juntos por el jardín florido de su casa mientras me enseñaba las leyes del silencio.

– Lo que va más allá de la palabra no se puede decir, pero se puede vivir y mostrar a través de un efímero gesto que queda marcado para siempre como un canto en la memoria y el espacio.

El collar del tigre. Cristobal Jodorowsky.

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